«Distance Between Us», Anastassia Tretiakova

«Distance Between Us», Anastassia Tretiakova

Danzan en torno a la hoguera

Podríamos caer en la tentación de interpretar esta propuesta de Anastassia Tretiakova como un juego de matrioshkas, por ejemplo. La razón es obvia. El argumento que sobrevuela la obra apunta a una relación escalonada, casi modular, entre una madre (que también es hija), una abuela (que también es madre) y una hija (que, además de nieta, es también quien crea la obra).

Sin embargo, el verdadero fundamento de Distance Between Us se oculta en otro lugar. De hecho, es la idea de “lugar”, de un espacio concéntrico a estas tres generaciones de mujeres de una misma familia, lo que invita a ir más allá de cualquier semejanza superficial. Si recurriésemos a esa metáfora de las matrioshkas rusas, al funcionamiento de su juego de volúmenes o especie de palíndromo arquitectónico o escultórico, la referencia esencial a un lugar quedaría solapada.

¿No se basa, precisamente, el juego de las matrioshkas, en una ocultación que paso a paso (muñeca hueca sobre muñeca hueca) va creciendo o menguando de escala, progresivamente?

Distance Between Us es todo lo contrario a un juego de ocultación. Es un ejercicio de transparencia que gira en torno a un vacio concéntrico: las imágenes de una hija, una madre y una abuela orbitando en torno a un lago de sal que vincula a toda la estirpe familiar. Una especie de Mar Muerto en el centro del mapa; espacio neutro, alegoria de una Pangea originaria y acuosa;“matriz de aparición” (que diría Baudrillard) o hasta recreación de la superficie del planeta Solaris, tal y como la imaginó Andréi Tarkovski.

Resulta crucial, por lo tanto, en el triángulo que dibujan madre, hija y abuela (con su vacío substancial en el centro), la distancia que separa sus vértices: en torno a 6.000 Kilómetros que alejan o aproximan a una madre -que vive en Connecticut, EE.UU- de su hija -que vive en Valencia, España-; a una abuela -que vive en Yarovoe, Rusia- de su nieta. 6.000 Kilómetros es la verdadera “profundidad de campo que comparten, ahora mismo, todas y cada una de las fotografias de estas tres mujeres. Imágenes pobladas a su vez de argumentos, dramas, gozos…

Esta obra es también, al tiempo, una especie de rito topológico y arcaico. Como si a través de las imágenes fuese posible hechizar una distancia dolorosa y hacerla desaparecer ¿Llega a producirse como un sortilegio ancestral? ¿Es todo esto una danza que tres cuerpos ejecutan entorno a una llama que arde en el centro, sobre las aguas de un lago de sal?

– José Manuel Mouriño, ensayista y cineasta mexicano

Anastassia Tretiakova

www.tretiakova.com / @anastassiatretiavoka 

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